Saturday, October 3, 2009

Crónicas pasajeras de un viaje a San Luis

¿Por qué las azafatas siempre están apuradas? En su apuro vuelcan vasos, bebidas, revolean hielos (de esto puedo dar fe, me tiraron uno en la espalda). Tal vez si hicieran lo mismo con más serenidad, ganarían tiempo en juntar lo que tiran. ¿Será para ganar el tiempo que pierden en la demora de los vuelos?

El libro: “Los hombres que no amaban a las mujeres”, de Stieg Larsson fue el que me acompañó durante todo el viaje. Enganchadísima, en poco más de una semana me devoré 382 páginas. Ya me compré el segundo de la Trilogía Millenium, no vaya a ser que me quede sin lectura en estos ataques de voracidad literaria.

También compré para regalar El Secreto, que espero me sea prestado. No creía en brujas, pero que las hay las hay. Hace un tiempo que estoy mucho menos racional y me abrí a nuevas ideas. ¿Por qué no? Uno siempre puede sorprenderse.

Una vez más, disfruté del placer de estar en San Luis. Es una ciudad cálida (cuando no nieva) y tranquila, conversamos con taxistas que cuentan sobre cuán digitalizados están, que aprovechan el beneficio que les da la provincia para comprar computadoras con un 50% de su valor subsidiado. Donde uno se encuentre tiene MUY BUENA señal de wi-fi. Un placer.

San Luis Digital, la Universidad de La Punta, Alicia Bañuelos, sinónimo de un plan a largo plazo, decisión política e inversión sostenida. Un rompecabezas de infraestructura y programas en funcionamiento en forma absolutamente coordinada.

Re-encuentro con amigos digitales que hacía mucho no veía, lo cierto es que no los veía porque me tomé un año sabático de congresos y conferencias. Pero volví al ruedo y la sorpresa fue muy buena. Vínculo y charlas muy interesantes con campeones de las grandes empresas. Mucha buena idea, mucho producto lindo, horas de charla productiva, brainstorming, mashup, celulometrajes. Redes sociales con caras reales. Planes a futuro.

Fin de la jornada con una linda charla, entre cervezas y relatos viajeros con Ale y Mariano.

Encuentro casual en el aeropuerto con los Microsoft. Uno que es tan pro otras cosas, conoce a la gente y se saca el sombrero.

Desconexiones siderales. Aviones demorados, tiempos infinitos.

Entre las 17 y las 20 en Aeroparque se ve que toman descanso, no pasa nada, no salen vuelos, desierto. En los negocios, aprovechan para ordenar, en los bares para limpiar y charlar. Por suerte hay wi-fi, por suerte tengo mi notebook, por suerte estoy de tan buen humor.

Yo aprovecho para pensar, ver cómo el cielo porteño se va poniendo naranja. Empiezan a entrar pasajeros. En una hora y cuarto embarco. Satisfecha de un par de días de puro circular.